lunes, 8 de agosto de 2011


a los ojos de tantos, era inquebrantable. tenía una energía que pocas veces se agotaba, una risa constagiosa y un humor tan de ella.  pero toda esa fuerza, toda esa sonrisa, podía desvanecerse tan fácilmente. se quebrantaba, como un cristal, como quien hace de un papel un pequeño bollito. y así quedaba ella por un rato, hecha un crital roto, llorando. esa necesidad de desahogar lo que sentía era frecuente. ese estado de no saber lo que sentía, también. 
se volvía fácil, débil; se escondía y lo contaba a poca gente.


tal vez lo que faltaba era un balance, entre esa fuerza y esa debilidad. tal vez la felicidad escondía a la  debilidad, y la debilidad, cuando salía, después de estar tanto tiempo escondida, fallaba en su intento de volver a esconderse. no lo se. 


ella era muy cambiante, y nada parecida a mi, tal vez por eso era tan difícil comprenderla la mayoría de las veces. tal vez por eso me quedaba muda cuando tenía que ayudar a recontruír el cristal, creo que para mí eran demasiadas piezas. increíblemente, cuando la fuerza volvía, ella sabía volver a acomodarlos con paciencia, y seguir con su vida; sentirse poderosa otra vez.